Película. Batman: El Caballero de la Noche Asciende – Nolan, 2012

Desde que vi “Memento” en el año 2000 me enamoré de Christopher Nolan. Esa película fue la sorpresa del verano y luego de esa, el señor no dejó de presentarnos estupendas historias hasta llegar a “El Origen”. Es complicado saber qué película de este director me gusta más, pero la primera que siempre me viene a la mente es “El Caballero de la Noche”. Así que en cuanto supe que venía la tercera y última parte de “Batman Inicia” me emocioné mucho y desde entonces estuve expectante. Hoy fui a verla, lleno de emoción, por un lado y lleno de temor, por el otro, pues las dos películas anteriores subieron la barra a tal altura, que temía que ésta no pudiera alcanzarlas.

La película inicia ocho años después de la anterior. Bruce Wayne está recluido en su mansión desde hace tiempo y ya nadie lo ve, hasta su compañía ha estado perdiendo dinero por invertir en fuentes de energía alternativas. Desde hace mucho tiempo Batman no se aparece por las calles, está desaparecido, como si se lo hubiera tragado la tierra. En realidad es porque cree que Ciudad Gótica ya no lo necesita, pues la guerra contra el crimen se ha terminado. Más allá de eso, el Alcalde de Ciudad Gótica tiene al crimen agonizando a través de la “Ley Dent”, que prohibe la libertad condicional en todos los casos.

Mientras eso sucede en Ciudad Gótica, un terrorista llamado Bane secuestra al Dr. Pavel, un científico nuclear que es el único capaz de ayudarlo con su plan para destruir Ciudad Gótica. ¿Pero por qué quiere destruir a Ciudad Gótica? Aún no lo sabemos, pero el tipo viene con un plan perfecto para sembrar el terror y llevar la ciudad de vuelta al caos y la destrucción. Y los habitantes de Gótica ni siquiera se imaginan lo que se les viene encima. ¿Volverá Batman del retiro para salvar a la ciudad? ¿Cómo enfrentará a quienes lo acusan de haber matado a Harvey Dent?

Muy bien… ese es el argumento básico. Pero también hay otros subargumentos, como la vida de Selina Kyle, una ladrona en búsqueda de redención que tiene una historia de amor-odio con Bruce Wayne; o la relación de Wayne con Miranda Tate, una multimillonaria que apoya con inversiones a los trabajos humanitarios de las industrias Wayne. Sin embargo, Nolan nunca se pierde y sabe muy bien cómo hilar todos estos argumentos los unos con los otros… pero no sin huecos ocasionales en el guión, algunos que pueden ignorarse y otros por donde se podía ir un camión escolar completito. Me parece que, de todas las películas de Nolan, este es su guión menos cuidado y, sin duda alguna, en el que más quiso complacer al espectador común en detrimento de la historia.

Primero las cosas buenas. Nolan creó una película gigantesca. Es toda una experiencia ver esas imágenes: un estadio estallando en mil pedazos, los puentes de toda la ciudad volando, la ciudad en llamas, las luchas callejeras entre ejércitos de policías y maleantes, la nave de batman volando por entre los edificios de la ciudad, todo ello filmado en formato IMAX… la película se ve increíble, es sin duda, repito, un caramelo para los ojos. Y la música no se queda atrás. Si bien es la banda sonora menos poderosa de las tres películas (y se queda muy atrás de otros trabajos de Zimmer) no deja de acompañar a las imágenes con un poder de esos que una y otra vez nos llevan a las salas cinematográficas.

La película toca temas sociales de importancia: el crecimiento del descontento social con la bolsa de valores y los ricos que son cada vez más ricos contra los pobres que son cada vez más pobres; la furia social ante la desigualdad; la culpa, la venganza. Los temas están ahí, pero no se les da la suficiente profundidad, no encontramos análisis tan buenos del comportamiento humano, ni hallamos escenas metafóricas tan impecables como en “El Caballero de la Noche”.

Las actuaciones son muy buenas también, destacando la de Michael Caine, que le da a Alfred un gesto de melancolía y culpa sin decir palabra alguna. He leído por todos lados críticas al Bane de Tom Hardy y a mí no me pareció tan malo, pero es que seamos honestos, no había mucho que actuarle a este personaje que, en sí, es bastante acartonado y tiene la mitad del rostro cubierta por una máscara. También tenemos un trabajo honesto y convincente de Gordon-Levitt, un policía honesto que, al parecer, es de los pocos que un confía en Batman y que no lo cree culpable de los crímenes que se le imputan. Anne Hathaway es convincente como Gatúbela y da emoción verla luchar, pero más interesante es su psicología desinteresada y egoísta.

Y aquí es donde comienzan los problemas. Si no has visto “Batman: El Caballero de la Noche Asciende” detente aquí, porque a partir de esta línea puedo echarte a perder la experiencia.

Gatúbela tiene una personalidad egoísta, dije arriba. Es una ladrona con mucha seguridad que conoce a fondo su negocio. Entra y sale de mansiones sin problema alguno, no se detiene antes de matar a alguien e incluso dice que asesinar es “divertido”. ¿Cuál es su motivación? Pues quiere empezar de cero, que todos sus registros criminales sean borrados de todas las fuentes de datos del mundo. Y para ello le hace un par de trabajitos a un millonario que DICE tener un programa que, con sólo un click, eliminará sus registros. El problema es que el millonario se lo dice pero nunca se lo muestra. No hay peor argumento que un personaje que se cree las cosas sólo porque se las digan. Luego es Bruce Wayne quien le ofrece el mismo programita y ella, otra vez, apoya a quien DICE tener el programa. Es frustrante. Un personaje tan inteligente jamás trabajaría por un “decir”. Y eso sin meterme a criticar el horrendo y forzado diálogo explicativo en donde el millonario le explica qué es lo que ella quiere para que lo audiencia lo entienda (¡Para qué, si ellos ya lo saben!)

Luego viene otro de mis peros. Bane es un personaje que no tiene la fuerza para llevar el lado antagonista de la historia. En la primera cinta teníamos al Espantapájaros, al Jefe de la Mafia (Falcone), a Rhas Al Ghul, a la policía corrupta y la SWAT persiguiendo a Batman. En la segunda teníamos al Guasón, que de entrada era suficiente. Pero nos lo acompañaron con el nuevo jefe de la mafia (Marioni), la policía corrupta otra vez y el buen Harvey Dent – Dos Caras. Aquí Bane no es lo suficientemente interesante para llevar adelante a los antagonistas de la pleícula. Gatúbela no es antagonista, así que todo el peso cae en los hombros de un personaje que… no nos atrapa.

Por si fuera poco, este personaje está rodeado de elementos que no le ayudan. Primero que nada, requiere de esos diálogos ridículos y demasiado obvios que no creí ver escuchar nunca en una película de Nolan, como “es usted la maldad hecha persona” para que entendamos que Bane es malo. Y en ese momento deja de ser un personaje real para convertirse en algo que ni el Guasón ni Dos-Caras sufrieron: un personaje de cómic. Ellos dos lograron salir de la historieta y convertirse en personajes reales. Este Bane al ser la “maldad hecha hombre” pasó de arquetipo a estereotipo. De lo velado a lo obvio. De lo claro a lo innecesario.

Y su muerte no le ayuda… esa “maldad hecho hombre” cae muerto en un segundo, después de haber perdido toda autoridad como antagonista. Porque justo en los últimos minutos de película nos enteramos que Bane era el títere de una mujer (ajá, como en “Batman & Robin” de Schumagger”). Aunque agradecí que Nolan se decidiera a utilizar al personaje de esa mujer, me pareció una pésima idea hacer de Bane no la mente maestra detrás de la destrucción y el caos, sino hacerlo una herramienta más del plan de otro villano al que no podemos disfrutar más que en los últimos diez minutos del filme.

Este villano es Talia Al Ghul, hija del villano de “Batman Inicia” R’as Al Ghul. El personaje de ella, aunque me pareció una agradable vuelta de tuerca, también me sacó un poco de quicio. ¿Por qué? A su propio decir, ella quiere terminar el trabajo que su padre inició ocho años antes: destruir Ciudad Gótica. La motivación de su padre era acabar con todo el mal que contaminaba Gótica y creía que no había otra salida más que acabar con la ciudad entera, pues era insalvable. ¡Pero Ciudad Gótica ya está limpia! Los primeros veinte minutos de película tienen la intención de convencernos de que la ciudad ha reducido casi completamente el crimen, ya no es el nido terrible de maleantes de “Batman Inicia”. ¿Entonces por qué Talia pretende destruirla? No está terminando el trabajo de su padre… ¡Porque el trabajo de su padre ya no es necesario!  ¿Qué es, entonces, la motivación del villano principal? Una necedad. El deseo de limpiar lo que ya está limpio nada más porque su padre lo quería limpiar cuando estaba sucio.

Pero el detalle que más me molestó sin duda alguna es lo que yo considero la necesidad del director de darle gusto al público de manera forzada y poco natural. Aplica lo que yo he llamado el “Efecto House”. ¿Qué es eso? Cuando el escritor salva a un personaje con un argumento ridículo sacado de la manga y que, conociento a los personajes y el universo, jamás sucedería. Por darle gusto a la audiencia el escritor crea una situación “sorpresa” que es forzada para que la gente termine contenta, sobre todo la gente a la que no le gusta que “los buenos” se mueran, ni así sea sacrificándose por un bien mayor.

¿Por qué le digo “Efecto House”? Quien haya visto el final de la serie del Dr. House, se dio cuenta que el protagonista, al que le cayó encima una viga en llamas, sale después sin un rasguño argumentando que “salió por la puerta trasera”. No sólo a lo largo del capítulo se niega la existencia de esa puerta sino que, además, House cojea y es por tanto imposible que saliera dos segundos antes de que el edificio estallara en mil pedazos. Del mismo modo, Batman se lleva en su avión una bomba nuclear que haría volar toda Ciudad Gótica. Obivamente la bomba estalla y se lleva al avión con Batman adentro. ¡Y al final sale vivito y coleando con un argumento pobre sobre un “piloto automático” (una profunda puñalada también queda misteriosamente olvidada)!

Cuando Batman se lleva la bomba muere por toda la ciudad, finalmente nos damos cuenta del héroe que realmente fue, y cómo dio su vida por la ciudad, como lo dijo desde la primera película. Hay una escena profundamente emotiva de Alfred llorando ante la tumba de Bruce (que descansa junto a la de sus padres). Ah, bueno, pues esa tumba no sirve de nada porque el filme termina con Bruce Wayne desaynando alegremente con Selina Kyle como su pareja. Entonces Batman no se sacrificó por Gótica, se hizo el muerto para poder empezar de cero una vida romántica con Gatúbela (que, suponemos, ya pudo borrar todos sus registros y empezar de cero).

Christopher Nolan, el Director

Y ya sé, no faltará quien me diga: “Pero Batman murió”. Claro, porque nunca más lo volveremos a ver volando entre los edificios de Ciudad Gótica. Pero es ir en contra del personaje. Bruce Wayne es por naturaleza un tipo que no sabe olvidar, que no puede superar la muerte de sus padres y debe convertir su venganza en un símbolo de justicia. Pero él no supera nada, no supera la muerte de sus padres, ni la muerte de Rachel. Se encerró en su casa durante ocho años nada más por el peso del dolor y de la culpa. Rachel lo dice muy claramente en la primera película: Bruce Wayne es tu máscara, tu verdadero rostro es el que los criminales ahora temen, Bruce Wayne nunca regresó. Batman fue el que regresó. Pero aquí el guión nos presenta a un Bruce Wayne que, de la nada, decide buscar lo que nunca había podido obtener: una vida normal. ¿Y la culpa? ¿Y la furia? Bah, qué importan, démosle a la audiencia el final bonito, el final feliz. Está forzado, pero qué más da, no queremos que la gente se enoje.

Y luego, para cerrar con el broche más oxidado, resulta que el personaje del policía honesto, el personaje de Gordon-Levitt, tiene un medio nombre: “Robin”. Y al final, Batman le deja las coordenadas de la Bati-Cueva. ¿Qué es eso? Para que la gente diga: “¡oh, Robin!” Y entonces la mitad de la sala sale jurando y perjurando que habrá otra película de Robin. Y la otra mitad sale jurando y perjurando que Nolan dijo que ya no haría otro filme en este universo, la película de Robin nunca sucederá. Y luego resulta que Nolan aceptó hacer “Batman Inicia” con la condición de que no le obligaran a usar NUNCA a Robin. Pero cierra su trilogía con un final abierto sobre “Robin”. ¿Qué necesidad? Y, para acabarla de fastidiar, de un Robin sin Batman…

Ya para entonces se me había caído el corazón. Al enterarme que Nolan se había decidido por Bane como el villano de su última película, al ver los posters de Bane alejándose del casco roto de Batman, me imaginaba que Nolan iba a atreverse a hacer lo que pocos directores hacen: destruir a su protagonista, dejando claro que Rhas Al Gul, el Guasón y Bane tenían razón: el caos siempre vuelve, la maldad regresa aunque haya recedido momentáneamente. Así es en la vida y Batman se negó a verlo y pagó las consecuencias.

Bane le quebró la espalda a Batman en el cómic, pensé que se la quebraría aquí y que Bruce Wayne vería la decadencia de Gótica desde una silla de ruedas. Luego de que Bane le quebró la espalda a Batman a media película, pensé que el protagonista saldría adelante para el enfrentamiento final, en el que vencería a través de su muerte (por cierto, Batman tiene la espalda rota pero un huesero se la compone de dos golpes… haganme el favor). Pero no, el final resultó, como ya lo he dicho, una decepción absoluta. El director yendo en contra de sus propios personajes y su propia historia para terminar con un moño rosa. ¡Que diferente del final de la segunda entrega!

Yo personalmente creo que ésta es la película peor escrita de Nolan, los personajes tienen motivaciones inútiles o superficiales en el mejor de los casos, porque en el peor de los casos sencillamente Nolan cambia completamente su personalidad, desde el Alfred que dice que siempre quiso proteger a Batman (pero que en las dos anteriores nunca perdió el sueño por mandarlo a la calle a enfrentsrse con criminales armados), hasta el mismo Bruce Wayne que de golpe y sin razón alguna supera la muerte de sus padres, supera la muerte de Rachel y se va a jugar a la familia feliz a lado de una ladrona que además es una asesina y que no se arrepiente de ser ninguna de las dos cosas (¿no nos había convencido Nolan de que no son nuestras capacidades, sino nuestros actos, lo que nos define?). Bruce le dice al Guasón en la segunda entrega: “eres una basura que mata por dinero”… Y sin embargo en la tercera, termina con una.

Pero no puedo despedirme sin decir que la película es disfrutable y mejor que lo que nos presentan comúnmente las de verano. Veo en este filme a un director que no es el que suele ser, que no terminó su historia con el final oscuro que merecía, con el final oscuro que la historia exigía. Veo a un Nolan que se dejó ir más por los convencionalismso que por el conocimiento que ha demostrado sobre el espíritu humano. Pero antes de la muerte de Bane, la película es muy emocionante. El climax es épico y te mantiene a la orilla del asiento durante más de veinte minutos.

Calificación final: es buena, pero el deseo de forzar el final feliz le quitó muchos puntos y la hizo convencional, le quitó el sabor que tenían los otros filmes de Batman de entregas anteriores, la acercó más a “Los Avengers” y a “El Sorprendente Hombre Araña” que a “El Caballero de la Noche”. Si hubiese terminado con la muerte de Bruce Wayne hubiera sido un filme con errores y con huecos, pero de una fortaleza extraordinaria.

¡Buena Suerte!

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