Película. El Defensor – Brad Furman, 2011.

Después de “Thor” nada se ha estrenado en el cine que se me atoje o que me lleve corriendo emocionado a las salas cinematográficas. Fue por ello que en una visita no-planeada al cine escogí el último filme de Brad Furman, más que nada porque el tráiler me llamó la atención lo suficiente como para darle la oportunidad. Protagonizada por Matthew McConaughey, estas son mis percepciones  sobre “El Defensor”.

Mick Haller es un abogado defensor que sobresale de entre sus colegas porque no tiene una oficina común y corriente, sino que todo lo hace desde su automóvil Lincoln. Esa es su oficina rodante. Ahí están sus documentos, ahí habla con sus clientes, ahí hace todas sus negociaciones.

Desde el inicio nos presentan claramente al personaje: cínico, seguro de sí mismo y muy hábil en su trabajo. Se rodea de buenos contactos y tiene metido dinero en todos lados para comprar policías, carceleros y administrativos de las cortes. Como si fuera poco, su exesposa (una Marisa Tomei contratada sólo para llenar marquesinas) es fiscal y le suelta de vez en cuando chismes y secretos sobre el funcionamiento de la fiscalía. Mick Haller es guapo, exitoso y suertudo sin duda.

Un buen día, se hace de un nuevo cliente. Roulet es un joven en sus treinta acusado de intento de violación a una prostituta; él jura y perjura que es inocente. De familia rica, Roulet lleva la vida de un adolescente consentido, gastando todo el dinero del mundo, metido en una vida de fiestas y con una madre consentidora y sobreprotectora. El pago será obviamente jugoso, así que Mick Haller  acepta ser el defensor.

Mick Haller le pide ayuda a su investigador Frank Levin (William H. Macy) para resolver el caso. Levin es otro que está bien plantado con palancas por todos lados. En menos de lo que canta un gallo, ya ha logrado que sus contactos le entreguen suficiente evidencia para que Roulet gane el juicio y no pase ni un día en la cárcel. Sin embargo, cuando Mick Haller visita al fiscal encargado del caso, éste se muestra muy seguro y no acepta el trato que le es ofrecido, como si supiera algo que Mick Haller y Levin no saben… algo que seguramente llevará a Roulet a ser señalado como culpable.

A partir de aquí nos presentan una película que mezcla el ya típico estilo de juzgados norteamericanos que bien conocemos gracias a otras películas y series de televisión junto a una historia de misterio y suspenso en lo que nada es lo que parece y las traiciones están a la orden del día.

No leas lo que sigue si no has visto la película y tienes ganas de verla, porque voy a hablar de puntos clave en el argumento y el desenlace de la historia.

Aunque el personaje principal es un cínico adorable y su manera de trabajar nos atrapa como espectadores, esta película no ofrece más que eso. Es el abogado muy eficiente que siempre logra lo que quiere y que gana caso tras caso de maneras que son para el público misteriosas y llamativas, de esas que nos hacen sentir emoción y ganas de ser ese abogado tan efectivo.

Pero el misterio como tal no es entretenido. ¿Por qué? Porque sabemos el desarrollo de la película desde poco antes de la mitad. Justo en este punto descubrimos que Roulet es en realidad culpable y que no es su primer crimen, sino que tiene ya una serie de asesinatos muy parecidos al que planeaba cometer con la prostituta si las cosas no le hubieran salido mal. Y este es el primer punto. La película nos habla de un hombre que ha hecho esto antes y se ha salido con la suya. Nunca ha sido descubierto, es un asesino capaz que sabe esconderse y hacer las cosas con la pulcritud necesaria para escapársele a la policía. Nunca dan una razón clara de porque esta vez le salió mal.

Pero, más allá de eso, en cuanto sabemos que el Roulet es realmente el asesino la película se cae. El misterio se termina. Ahora sólo tenemos que ver qué hace Mick Haller para poder destruir al hombre que otrora debía defender. Y aquí hay otra sorpresa. Durante la primera mitad del filme el defensor nos dice que a él no le importa si sus clientes son realmente culpables o no, incluso cita a su padre diciendo que un buen abogado debe saber que sus clientes son culpables para no sentir culpa si pierden el juicio.

Sin embargo, en un punto de la película nuestro protagonista pierde toda esa filosofía y, misteriosamente, se vuelve moralista, ético y perseguidor del mal. Incluso menciona que “teme a la maldad”. ¡Por favor! Esa clase de abogado poco ético y amoral que tiene como único valor en su existencia ganar juicios… ¿de dónde salió tan persecutor de la “maldad humana”? Durante la película vemos que ha trabajado con clientes tan sanguinarios y malditos como Roulet, ¿cómo pretende la historia convencernos de que ahora sí está asustado y ahora sí quiere perseguir y acabar con la “maldad”?

Al final hay una vuelta de tuerca que poco logra. Se ve venir pero, aunque no lo viéramos venir, nos da igual, no es tan importante como para causar reacción alguna. Y para terminar volvemos a ver al mismo Mick Haller del inicio: sigue de un lado al otro en su carro y sigue defendiendo miserias humanas a cambio de mucho dinero. ¿Entonces? ¿Dónde quedó el “cambio” del personaje? ¿Dónde quedó aquél que aprendió a no defender culpables?

Recomiendo que se la brinquen. Es una película para verla en la televisión un domingo que no haya otra cosa que hacer. Es entretenida, sí, pero creo que debemos exigir, aun del cine comercial, mucho más que eso. Es, como dije al salir de la sala, poco menos que palomera.

¡Buena suerte!

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